lunes, 11 de octubre de 2010

Vicisitudes del trabajo formal

María Eugenia trabajó cuatro años como empacadora en una reconocida exportadora de plátanos de la ciudad. El trabajo era arduo y a agobiante pero nunca tedioso. “Cuando uno trabaja no se aburre, es todo lo contrario cuando uno se despierta y mira el techo sin saber qué va a hacer para buscar la platica” asegura en la engañosa tranquilidad de sus cuarenta y cinco años, y es que, como ella misma asegura yo no nací para estar quieta.
El trabajo como empacadora se lo consiguió su mejor amiga del colegio: Paola Sandoval, se habían dejado de ver tres años después de la parranda de grado y la sorprendió con la noticia de que vivía en Manga y ya tenía dos hijos. Paola se casó con un comerciante de partes para moto que en los últimos años se había venido a más por el auge del mototaxismo. El negocio creció de Tal forma que de la venta de partes se pasó a la venta de motos enteras y además contaban con un capacitado cuerpo de mecánicos sacados de todos los rincones de la ciudad.
Se encontraron en el baño de un centro comercial, el lugar propicio para un revelador encuentro entre dos mujeres. “Pero tú si has cambiado carajo” le dijo Paola, la conversación se extendió casi por dos horas. María conoció por menores del romance iniciado por Paola y sus dos hijo, y la relación con el tipo, y la el apartamento, y el carro del marido, y la ropa para el niño que acababa de comprar, en fin, se habló de tantas cosas que concluido el encuentro sintieron no haberse separado un instante.
Al despedirse Paola se comprometió en hablar con un amigo de su marido que a su vez era enamorado de ella, para que María fuese a trabajar como secretaria en una exportadora de frutas. A los tres días una llamad telefónica convenció María de que sus tiempos de búsqueda desmesura de trabajo habían terminado.
Trabajó sin inconveniente alguno, se acostumbró a las condiciones inhumanas de frío extremo en el cuarto de empaca, sus mano adquirieron bastante agilidad y era reconocida por sus muy relaciones personas con todos sus compañeros y hasta con el jefe, que entre otras cosas la había invitado a salir en reiteradas ocasiones. Sus encuentros con Paola e volvieron reiterativos, María asistía como forma agradecimiento por el favor recibido mientras que para Paola las reuniones eran el momento preciso para el desahogo de su conciencia. Que le robé tanto a mi marido, que tengo dos relaciones amorosas por Messenger y hasta que tenía serias dudas acerca del padre de su tercer hijo.
A los tres años de trabajo las cosas empezaron a cambiar sustancialmente, la empresa atravesaba serias reformas administrativas, hubo recorte de personal y a los que quedaban como María literalmente los masacraban exigiendo que cumplieran con su labor y con la de los que ya no estaban en el menor tiempo posible. El nuevo Jefe, gritaba sin compasión y siempre estaba inconforme aunque se hiciera exactamente lo que pedía. Era un tipo de personalidad seca, grosero y machista, nunca aceptaba una interrupción mientras hablaba y parecía poseer el monopolio de la razón.
María fue despida por empacar unos plátanos húmedos, aunque semanas antes habían despedido a dos de sus compañeras por haberlos empacados muy secos. Su salida no fue tan dolorosa pues en el fondo lo estaba deseando como a nada.
Desde entonces no aceptó más trabajar en una empresa se dedicó a la venta de cualquier producto o servicio de manera independiente. Hoy tiene una venta de comidas rápidas en donde vende a diario junto a su hija de 12 años fruto de una larga pero poco fructífera con un amigo que le presentó su amiga de siempre Paola Sandoval

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